El juego

Vamos a hacer hincapié en la importancia del juego en el desarrollo social. Si un niño está solo, no tiene por qué pelearse para conseguir un juguete ya que todos son para él, en cambio, si se encuentra en la escuela infantil debe a aprender a compartir. A veces, esto origina conflictos, ya que el niño no puede tener el juguete que desea porque lo ha cogido otro. Participando en situaciones de interacción lúdica, el niño aprende habilidades sociales y también formas de comportamiento menos adecuadas como conductas agresivas y autoafirmación. Pero también se aprende mucho de las relaciones sociales, observando el juego de otras personas, prestando atención a cómo se comportan los demás entre ellos y hacia uno mismo. Por ejemplo, una niña que no da golpes ni pega, pero puede empezar a hacerlo después de haber recibido algún empujón de otros niños que querían colarse y bajar por el tobogán antes que ella. La niña aprende así que a veces los demás actúan priorizando sus propios intereses y adopta esta forma de comportamiento en su relación con otros niños.

Existe una relación entre el tipo de juego realizado y la edad de los niños. Así la participación de los más pequeños en los juegos se podría calificar de no-social, mientras que a mayor edad, los juegos preferidos son aquellos que implican una mayor organización y un juego más social.

El comportamiento observador no implica menor desarrollo social que en el juego asociativo o el cooperativo, ya que observar cómo se relacionan los compis y de qué manera inician las interacciones y resuelven sus conflictos, constituye una muy buena forma de adquirir habilidades sociales en el juego.

Aunque a ciertas edades, los niños muestren preferencia por un tipo de participación en el juego, en ciertos momentos también manifiestan comportamientos más propios de edades anteriores y esto no constituye ningún tipo de retroceso.