El juego
Vamos a hacer hincapié en la importancia del juego en el desarrollo social.
Si un niño está solo, no tiene por qué pelearse para conseguir un juguete ya que todos son para él, en cambio, si se encuentra en la escuela infantil debe a aprender a compartir. A veces, esto origina conflictos, ya que el niño no puede tener el juguete que desea porque lo ha cogido otro.
Participando en situaciones de interacción lúdica, el niño aprende habilidades sociales y también formas de comportamiento menos adecuadas como conductas agresivas y autoafirmación. Pero también se aprende mucho de las relaciones sociales, observando el juego de otras personas, prestando atención a cómo se comportan los demás entre ellos y hacia uno mismo. Por ejemplo, una niña que no da golpes ni pega, pero puede empezar a hacerlo después de haber recibido algún empujón de otros niños que querían colarse y bajar por el tobogán antes que ella. La niña aprende así que a veces los demás actúan priorizando sus propios intereses y adopta esta forma de comportamiento en su relación con otros niños.
A partir de la observación de diferentes situaciones de juego libre, se establecen las siguientes categorías:
- Comportamiento inocupado. Los niños juegan solos con su cuerpo, se pasean sin ir a ninguna parte, no realizan ninguna actividad concreta. Ejemplo: cuando los niños han aprendido a andar, disfrutan paseando por la sala.
- Actividades en solitario. El niño y la niña juegan solos, con juguetes distintos a los que utilizan sus compañeros y no les importa lo que hacen los demás. Por ejemplo, uno puede estar jugando con una pelota y el que se encuentra a su lado con un peluche y ninguno de los dos presta atención a lo que está haciendo su compañero.
- Comportamiento observador. Los niños/as miran como juegan otros niños y pueden hasta preguntar o decir alguna cosa, pero sin intentar participar en el juego de sus compañeros. Por ejemplo: una niña que observa a dos compañeros que están jugando con una escoba y una fregona; en un momento del juego, el que tenía la escoba quiere la fregona y se la arrebata a su compi, que responde con oposición e intentando conservar su juguete, pero se da cuenta que tiene las de perder y suelta la fregona y se va a buscar la escoba que el otro ha dejado tirada en el suelo. La niña observa con atención y aprende del conflicto que se ha generado y de cómo se ha llegado a resolver.
- Actividad paralela. La niña o el niño juegan al lado de los demás pero no con ellos. Comparten el espacio, los juguetes y los materiales peor cada uno está centrado en su actividad y no interviene en lo que hacen sus compañeros. Es el caso de niños que están dibujando, pueden compartir los colores pero cada uno pinta lo que quiere en su papel.
- Juego asociativo. Los niños comparten el espacio y el material de juego, pero cada uno juega a su manera y no existe un objetivo común del juego. Es el caso de un grupo de niños que juegan con el mismo material de construcción; cada uno está realizando su propia torre, pero en determinados momentos puede haber colaboración entre algunos niños para realizar una construcción conjunta.
- Juego cooperativo. Es el que realiza un grupo organizado dirigido por alguno de sus miembros, generalmente mayores. Hay una repartición de las tareas para alcanzar un objetivo en común. Siguiendo con el ejemplo de las construcciones, si los niños están haciendo un castillo, se reparten las tareas y cada uno de ellos se encarga de realizar una parte del mismo (la estructura general, las torres,...)
Existe una relación entre el tipo de juego realizado y la edad de los niños. Así la participación de los más pequeños en los juegos se podría calificar de no-social, mientras que a mayor edad, los juegos preferidos
son aquellos que implican una mayor organización y un juego más social.
El comportamiento observador no implica menor desarrollo social que en el juego asociativo o el cooperativo, ya que observar cómo se relacionan los compis y de qué manera inician las interacciones y resuelven sus conflictos, constituye una muy buena forma de adquirir habilidades sociales en el juego.
Aunque a ciertas edades, los niños muestren preferencia por un tipo de participación en el juego, en ciertos momentos también manifiestan comportamientos más propios de edades anteriores y esto no constituye ningún tipo de retroceso.
Hay dos tipos de juegos que necesitan una especial atención: juego de lucha y el juego simbólico.
- Juego de lucha: es un tipo de juego físico, que aparece alrededor de los tres años e imita la agresión. Sin embargo, por la expresión facial y la media sonrisa de los niños que lo practican, se puede detectar que se trata de un simple juego universal que aparece en todas las culturas. La incidencia varía en función del género y se puede afirmar que es más habitual y ruidoso en los niños. Se trata de un juego que permite medir las propias fuerzas y manejar distintas formas de expresión de la agresividad. En este sentido, facilita el aprendizaje de la contención emocional y social. Con este tipo de juego el niño puede darse cuenta de hasta qué punto puede usar la fuerza sin dañar a sus compañeros.
- Juego simbólico o de representación: en este tipo de juego los niños pueden expresar sus miedos y modificar la realidad en función de sus fantasías y deseos y todo ello se producen un marco que se establece al inicio. Por otro lado, entre los diferentes participantes se van marcando las pautas. Si en un momento determinado uno de ellos se salta las normas establecidas, otro le puede reconducir su papel. De esta manera, los niños aprenden a negociar y a pactar para resolver los conflictos y las dificultades que aparecen mientras juegan, pueden modificar las normas e improvisar nuevas situaciones.